Estoy sufriendo y es normal…

Desde que Aura se fue al cielo, mi cabeza ha estado a mil. Los pensamientos me agobian y llegan atropellándose unos a otros,  sin orden y sin sentido.  No estoy tranquila ni un minuto del día y me ahogo en un remolino de sentimientos. Como bien me lo dijo una amiga y prima muy querida: es como una montaña rusa de emociones.  Los que me conocen saben que detesto las montañas rusas, siempre las he odiado y de hecho hasta lloro solo de verlas.  Imaginen entonces como estoy con esta montaña rusa llamada duelo, de la cual no me puedo bajar cuando quiera sino cuando ella misma me expulse…

Una de las maneras como siento que puedo lidiar con estas emociones es escribiendo, aunque como dije, mis pensamientos muchas veces no hacen sentido y así mismo los voy plasmando al escribir.  He puesto un par de post en mis redes sociales y siento que por ahí me he podido desahogar un poco.  He recibido mucho cariño y compasión de parte de muchísima gente y eso me llena y estaré siempre agradecida. Sin embargo, he recibido algunos comentarios, bienintencionados y de gente que sé que me quiere, que me dicen que tengo que “seguir con mi vida”, caminar hacia adelante, dejar de llorar y “volver a mi vida normal” y aceptar la Voluntad de Dios. Sé que quieren ayudarme y sé que sus intenciones son buenas, pero déjenme decirles algo: mi hija murió!!!  Mi vida jamás volverá a ser “normal” como era antes, ya yo no soy la misma; una parte de mi murió con ella.  El dolor por la muerte de un hijo no tiene fecha de expiración.  No hay una manera correcta de llorar la muerte de un hijo. Las etapas del duelo, no son lineales, no tienen un orden preestablecido.   Uno puede pasar de una a otra y de vuelta a la primera en cualquier momento.  Los sentimientos que uno experimenta cuando pasa por el duelo son inexplicables, indescriptibles e imprevisibles.  El dolor te llega de la nada, como una gran ola, en el momento y lugar menos esperado y te ahoga. Cuando piensas que ya has pasado por alguna etapa y que estás lista para entrar en la próxima y hacerle cara al duelo y a la vida, llegan sentimientos que pensabas ya estaban superados y sin querer, vuelves a caer en el abismo del dolor. Perder un hijo es sin duda el dolor más grande que puede experimentar cualquier ser humano.  La vida te cambia para siempre. Una parte de ti muere con tu criatura y no hay nada ni nadie que pueda cambiar esto.  Es como si te explotara el alma de adentro hacia afuera en millones de pedacitos. Cuando muere un hijo, no solo pierdes a tu hijo, sino toda una vida de sueños, aventuras y planes… Muere tu hijo, pero no así el amor que sientes por el o ella; de manera que a tu cabeza le cuesta entender que tu bebé ya no está, porque tu corazón lo sigue amando intensamente.

Para quienes me piden que acepte la Voluntad de Dios, pues tengo que decirles que ahora mismo se me hace demasiado difícil.  No puedo creer que Dios, siendo un Dios de amor, quiera que ninguno de sus hijos sufra de la manera como nosotros lo estamos haciendo.  Espero algún día y con el tiempo, poder aceptarla, pero ahorita mismo, cuando todo esto está tan reciente y tan crudo, mi mente humana, no puede entender lo que sucedió ni como Dios lo permitió.  El dolor es tan grande y profundo, que mi racionalidad no entiende como pudo pasar esto y como Dios se “mantuvo al margen”.  En estos momentos siento a Dios ausente, y lejano. Mi fe me dice que no es así y que El está conmigo a cada instante, pero como he dicho antes, el dolor me puede más y no lo siento.  Espero poder sentirlo pronto y que me abrace y consuele porque de verdad que esto es invivible.

Cuando uno pierde un hijo, lo invaden sentimientos de culpa y uno se llena de “que hubiera pasado si…”  Yo por ejemplo, estoy llena de que hubiera pasado si hubiéramos llegado antes al hospital, o que hubiera pasado si los doctores no hubieran tenido que pelear con el tráfico y hubieran llegado más temprano al hospital; o que hubiera pasado si nos hubiéramos ido para el hospital a las 4 a.m cuando por primera vez sentí ese dolor raro en la cintura/espalda (sin tener idea de que eso era una contracción), que hubiera pasado si…..  Pero lastimosamente nunca sabremos la respuesta.

También me invade la culpa de otras maneras…

Una memoria que no se me va de la mente, es cuando el pediatra se me acercó y me dijo, Analissa, hicimos todo lo que pudimos, pero ella no aguantó… La calma con la que acepté la noticia, lo estoica que estuve cuando pedí que me la trajeran y me la pusieran en el pecho y como pedí que por favor trajeran a mi esposo de vuelta al salón de operaciones.  No puedo entender como reaccioné tan tranquila, es como si yo ya me esperaba este desenlace, como si dentro de mi siempre hubiera sabido que así se darían las cosas. De ahí en adelante, no recuerdo mucho, creo que me pusieron algo para sedarme, así que tengo borroso todo lo que pasó después.  Sé que me la pusieron en el pecho, sé que besé su cabeza porque recuerdo claramente como se sentía su pelito en mi quijada y mi boca; y recuerdo cuando me caía encima el agua con la que la bautizaron porque estaba muy fría.  No sé si le hablé, no sé qué le dije no recuerdo muy bien. Siento que fueron solo segundos y que no la tuve suficiente.  Después de 9 meses de tenerla creciendo dentro mío, solo estuve con ella unos minutos y casi no me acuerdo.  Esto me causa todavía más dolor porque siento que no “conocí” a mi hija. Y me causa culpa, mucha culpa…

Uno tiene que lidiar con tantos sentimientos, que es difícil acordarse de respirar.  Yo por mi parte, estoy haciendo lo mejor que puedo. Estoy viviendo mi dolor al 100%, recibiendo los sentimientos como vienen y cuando vienen. Reconociéndolos y aceptándolos para poder entonces caminar hacia adelante. Sobrevivir la muerte de mi bebé es la prueba y tarea más grande que he enfrentado en mi vida y estoy haciendo todo lo posible por “hacerlo bien”, un día a la vez…

Analissa

9 comentarios sobre “Estoy sufriendo y es normal…

    1. Analissa. I am speachless. And you are right in EVERYDAY. Tu manera de lidiar con esto es TUYA y de tu familia. NADIE NADIE debe ” juzgar” ” opinar”. Solo apoyarlos. Un fuertisimo fuertisimo abrazo.

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  1. El duelo de cada persona es como una huella digital… Siempre es diferente, es tu practica, tu sentir, tu manera… Personalmente, yo solo veo en ti… Una fuente de inspiración… Un abrazo..

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  2. Mi Querida Analissa, no puedo dejar de orar por ti y por José a la Mi Virgencita Lupita que tu bien conoces…no puedo imaginarme el dolor que sienten y a la vez lo siento tanto tanto tanto, solamente me viene a la mente el dolor que sintió La Virgen María cuando vio a su hijo Único cargar esa cruz con tanto dolor y verlo morir de la manera que lo hizo por cada uno de nosotros….Dios te conceda FUERZA Y FE para ayudarlos a salir adelante y seguir viviendo por tu otra razón de vida, por PAZ. TE QUIERO MUCHO.

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  3. Creo que mejor no lo has podido explicar amiga, como te dije, sigue tu corazón, respeta tus sentimientos y solo le pido para ti y para José ese sentimiento de Paz que tanto necesitan. Fuerza y Fe! Mi corazón está con el tuyo..

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  4. No hay manera de entender ni aconsejar sobre un dolor así si no has vivido ni pasado por él… Las palabras sobran. Sin embargo, el corazón se me pone chiquitito y arrugadito por saberte sufriendo de tal manera ya que al ser madre uno entiende muchas cosas. Oro para que pronto logres paz y tu fe te dé fuerzas para sobrellevar esta pena…Un día a la vez.

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