Ocho Meses

Hoy cumples 8 meses de haberte ido al cielo. 35 semanas estuviste con nosotros en mi pansa y ahora ya han pasado 35 semanas desde que no estás más. De ahora en adelante, será más el tiempo que hemos estado sin ti, que el que estuvimos contigo. Sé que puede sonar a que le estoy buscando la quinta pata al gato, pero lastimosamente, esto es parte de la nueva “normalidad” que viene después de perder un bebé. Todo se sobre analiza, se re piensa, se cuentan los días de manera distinta y la vida se convierte en un “antes” y un “después” de ti…

Tengo varios meses de no escribir, he estado en una especie de limbo. Teniendo miles de emociones y sentimientos, pero sin fuerza alguna para sentarme a escribirlos y compartirlos. El mes de diciembre fue duro, durísimo. Con la intención de vivir día a día, no me preparé para las fiestas ni le metí mucha cabeza al asunto, así que cuando llegaron, me agarraron desprevenida y me desbarataron. En general, fue un mes pesado y dedicado casi en su totalidad a extrañarte y llorarte. Paz, tu papá y yo hicimos un viaje que teníamos planeado para diciembre de 2015, pero como estaba embarazada y me mandaron reposo, no lo pudimos hacer así que fuimos este diciembre. El viaje fue lindo, especial y divertido; pero aun así no lo disfruté al 100% porque me faltaste tu; porque mi vida debería ser totalmente distinta a lo que es. Porque a veces divertirme y pasarla bien, me trae sentimientos de culpa. Porque al igual que cuando nació Paz, mis planes deberían girar todos alrededor de ti, de tu edad, de las cosas que estarías haciendo ahorita, de los milestones que deberías estar alcanzando; pero la vida nos hizo una mala jugada y ahora nuestro corazón y nuestra mente están llenos de “como sería si”.

Son 8 meses y yo no lo puedo creer todavía. Realmente me parece increíble haber sobrevivido todo este tiempo y poder mantenerme siendo una persona funcional. A veces quisiera tener algo en el cuerpo, algún signo visible de tu existencia para que quien me ve por la calle o me conoce por primera vez, sepa lo que pasó; que sepa de ti y de tu existencia. Quien me ve por ahí o me conoce por primera vez, puede pensar que estoy bien, normal, lejos de ser alguien que vivió una tragedia como la que nos tocó a nosotros, y la mayoría del tiempo, esto no me gusta. No me gusta tampoco que la gente piense que estoy OK y que “ya todo pasó”, porque por dentro, no lo estoy y esto NUNCA va a pasar. Mi vida sigue, y hay días que realmente siento que la estoy viviendo en piloto automático, porque de verdad que no sé como lo logro. Y es que uno no está de duelo o llevando el dolor de perder a un hijo por elección; simplemente es la vida que nos tocó y es un destino al que nadie quiere visitar. No hay mapas, hoteles, ni restaurantes. No es un destino atractivo. Todo es negro, vacío, solitario y muy aterrador. Entonces, casi que por instinto de supervivencia, uno tiene que ver como respira y paso a paso sale adelante en piloto automático… Pero gracias a Dios y a la gente que reza por nosotros, en automático o no, lo hemos logrado hasta ahora.

Los últimos meses he vuelto a visitar en mi mente el salón de parto muchísimas veces, tratando sobretodo de recordarte. Recuerdo todo claramente, como si acabara de pasar. Todo, los doctores, las personas, las conversaciones, el llanto desgarrador de tu papá, todo, menos a ti. Cuando pedí que te pusieran en mi pecho creo que me sedaron inmediatamente, porque aunque recuerdo como se sentía tu pelito en mi barbilla, y recuerdo el agua fría con la que te bautizaron que me caía en el pecho; no recuerdo más nada. No te vi, no te cargué, no te disfruté. No sé cuanto mediste, ni cuanto pesaste. No sé como eran tus piesesitos, ni tus brazos, ni tus piernas, no sé nada. Solo tengo de ti una foto que nuestro pediatra nos tomó (a pesar de que le dijimos que no, y que ahora se ha vuelto mi mayor tesoro), la foto que te tomó tu papá en la funeraria, tu huellita de tu pie derecho y un mechón de tu pelo. Entonces, el no haberte podido analizar a detalle, cargar, sostener, besar y abrazar, me da culpa y me duele. Me duele como nadie se imagina. Estuviste 35 semanas en mi barriga y desde el primer día que te sentí, no dejé de hacerlo durante el resto del embarazo, pero nunca supe como serías. Te imaginaba, pero no sabía…. Y ahora no estás y tampoco lo sabré nunca. En las fotos me parece ver que te pareces a tu papá, pero con mi boca, porque es una boca chiquita; pero del resto no sé nada. Es tan doloroso no saber bien como eres. Hoy le pregunté a tu papá que si cuando te cargó pudo analizarte detenidamente y ver como eran tus pies, piernas, manos, etcétera. Me dijo que cuando te cargó ya te habían envuelto en una sábana, así que el solo te pudo ver tu cara y cabecita. Me dolió tanto, porque estos 8 meses siempre pensé que cuando el te tuvo en sus brazos, por lo menos el tuvo la oportunidad de ver cada detalle de ti y pudo absorberte entera, pero ahora ya sé que no fue así. Después de esperarte tanto tiempo, no solo te fuiste enseguida, sino que no tuvimos ni tiempo de grabarte en nuestra mente y memorias para siempre.

Hay algunas cosas que me darían algo de consuelo en estos momentos, pero que lastimosamente como país no estamos preparados para casos como el nuestro. Ahora que he leído y he conocido a tantas mamás de ángeles de otros países, me doy cuenta de que en Panamá no hay un “protocolo” hospitalario para los casos en que un bebé muere (ya sea en el vientre, al nacer o antes de irse del hospital), y si lo hay, no los ponen en práctica, o por lo menos este ha sido el caso de las madres panameñas con las que he conversado, sin importar el hospital en el que han nacido sus hij@s. A diferencia de otros países más avanzados donde tienen protocolos especiales para estos casos donde la mayoría de las veces, los padres del bebé tienen hasta un cuarto habilitado aparte y separados de todo, donde pueden estar juntos ellos y su bebé para despedirse. A este cuarto dejan entrar familiares cercanos. Los padres pueden cambiar a su bebé y ponerle la ropita con la que se despedirán de el/ella; pueden tomarse fotos, los pesan, los miden, les toman las huellas de sus manitos y pies; en fin, si los padres así lo desean, les dan la oportunidad de despedirse de su bebé de una manera apropiada, y de llenarse la mente y el corazón de memorias que luego los pueden ayudar a seguir adelante.

Espero poder hacer algo al respecto en cuanto a que en Panamá no exista este protocolo, junto con otras madres que han pasado por lo mismo que yo, y coinciden, en que para ellas hubiera sido lo mejor haberse podido despedir “debidamente” de sus bebés, pero nadie tan siquiera les dio la opción ni les indicó qué hacer. Es parte del tabú que acompaña la muerte de un bebé. Nadie quiere hablar de eso, nadie quiere tocar el tema, es como el elefante en el medio del salón, del que nadie quiere hablar.

Realmente creo que parte de mis sentimientos de culpa podrían estar algo aliviados si me hubiera podido despedir bien de ti. El no saber bien como eres, el no haberte podido cargar, no saber cuanto pesaste, esas culpabilidades me persiguen diariamente. Y sí, sé que no fue necesariamente mi culpa, pero al igual que muchos otros sentimientos negativos que surgen con el duelo, este es uno que se sentó en mis hombros y no parece ser que vaya a irse en un futuro cercano.

Yo espero que donde estés puedas sentir mi amor, nuestro amor. Tu papá y yo te pensamos diario; no hay día que no te pensemos y no te extrañemos. Te queremos infinitamente, con un amor puro y profundo. Es difícil ser padres, pero más difícil todavía, ser padres de una hija que está en el cielo; pero aún así lo intentamos, y vivimos nuestros días tratando de ser mejores personas y de que te sientas orgullosa de nosotros.

Te amo mi Chuna Chuna…. Hasta que nos volvamos a encontrar…

Mami

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