A Medio Vivir…

No está mal estar triste! No entiendo el afán que tienen algunas personas de que esté (o estemos) felices 24/7. “It’s OK to not be OK” sometimes…

Aunque creo que en vez de desesperarme, me toca hacer algo de docencia (porque nadie entiende esto, sin haberlo vivido).  A ver, les explico: cuando se muere tu hijo, tu corazón, tu alma y tu ser se rompen en miles de millones de pedazos y no hay manera humana de que te recuperes al 100% y que tu corazón vuelva a estar entero o completo. Es un dolor tan grande y profundo que dura lo que dure tu amor por tu hij@, o sea, toda la vida.

Sí,  vuelves a respirar y te emparapetas para seguir adelante y ver como poco a poco vas sobreviviendo hasta que algún día, vuelves a ser y parecer una persona normal (yo todavía no estoy del todo ahí, pero he visto gente seguir bien y espero llegar a estar así algún día).

Sin embargo, mientras “llego ahí” es NORMAL tener momentos de inmenso dolor y lágrimas. El duelo es así, te llega sin avisar, en el momento menos esperado e inclusive, en momentos de aparente felicidad.

Yo estoy segura de que es gracias a que he vivido mi dolor y me he revolcado con mi tristeza, que he podido seguir. Evitar el dolor, pretender que no está o no existe, no es la solución. Estar “todo el día feliz” y con la mente evitando tener memorias tristes, no es la solución. Uno tiene que vivir el dolor y todas las etapas desagradables por las que se debe pasar, para poder llegar al otro lado.

La gente usualmente pregunta “cómo estás?” sin querer saber realmente la respuesta honesta a esa pregunta. Es incómodo para las personas hacer esta pregunta y recibir un: sobreviviendo; o todavía estoy de pie; todavía respiro; unos días más o menos y otros fatal; o solo blah. Nadie quiere oír esto, entonces yo me siento a veces en la obligación de ahorrarle a los demás el mal rato y contestar con un simple y educado: bien y tú?

Otra pregunta que me han hecho es que si todavía lloro? Sí, claro, todavía lloro. Quizás no con la frecuencia de los primeros meses, pero sí lloro. Han pasado 1 año, 2 meses y 17 días y todavía me cuesta entender y aceptar la realidad de que mi hija no está aquí con nosotros.

El tiempo que ha pasado, ha ayudado a que me acostumbre, pero a diferencia de lo que dicen todos los dichos y clichés del mundo, el tiempo no me ha curado mi dolor; solo ha hecho que me acostumbre a el.

Es increíble como no hay día en que no me despierte pensando en Aura. Las mañanas son las más difíciles porque es el momento en el que me vuelvo a conectar con la realidad, con el mundo, y esa conexión me quita el aire diariamente. Cuando uno duerme, uno se va a “otro mundo” y hay un desconecte con el aquí y el ahora; así que cuando uno despierta, dependiendo de cuál sea el aquí y ahora de cada quien, esa realidad se te viene encima, y en mi caso, me ahoga y me perfora el alma hasta dejarme sin aire.

Pero como decía, el tiempo ha hecho que me acostumbre a vivir con el dolor, día a día y paso a paso. A veces siento que mi vida está a medias. Hay una parte importantísima y fundamental de mi ser que no está conmigo y eso hace que, sin querer queriendo, viva mi vida a medias. El hueco que tengo en el corazón con la forma de Aura, hace que mi vida no sea completa.

Hace unos días cenaba con mi hija Paz y con mi esposo Jose, y durante la cena, mi corazón se sentía agradecido de tanto amor y de estas personas maravillosas que comparten los días conmigo, pero en la parte de atrás de mi cabeza, había una vocecita que no me dejaba terminar de disfrutar el momento porque me decía, que mi familia y mi vida, están incompletas. Yo sé que no es la manera como debería ver las cosas y que mi perspectiva debe cambiar para ver y enfocarme en lo que sí tengo y en todo lo bueno, y bla bla bla. Sí, la teoría me la sé de memoria, pero alguien que me explique cómo ponerla en práctica en mi diario vivir!

Entonces es así como me paso la vida, desde hace 1 año, 2 meses y 17 días, viviendo a medias o sobreviviendo. Me la paso con un miedo a lo próximo malo que nos pueda pasar; con un vacío en el alma por la bebé que no está; con una nostalgia por todos los planes que hicimos y jamás se cumplirán, con el corazón apachurrado cuando veo a Paz con otros niños y pienso en lo que se perdió de tener una hermana con quien compartir todo…. Porque la muerte de Aura no fue algo que pasó el 1 de junio de 2016, sino que es algo que pasa todos los días de mi vida; un suceso que se repite todos los días. Su partida cambió para siempre mi existir, mi visión de la vida, mis cimientos, mi fe, todo lo que conocía como real y verdadero…. Lastimosamente para mi, todos los días son un recuerdo de que mi bebé no está y de que mi vida jamás volverá a ser la misma y quizás nunca la sienta como completa.

Hoy es uno de esos días en los que me cuesta respirar. Como decía al principio, ya no son tantos como los primeros meses, pero sigue habiendo días en que no quiero ser, ni estar. Quiero meterme en un hueco, alejarme de todo y de todos y tratar de conectarme con mi Aura a ver si ella me manda fuerzas para seguir adelante, porque esto de ser mamá de una bebé que está en el cielo, aparte de desgastante, es complicado porque no sé cómo hacerlo, pero sé que lo quiero y lo tengo que hacer.  

Quienes se preguntan y cuestionan por qué escribo y/o para qué ventilo mis sentimientos más profundos en un blog para que cualquiera los lea, pues les digo que esto para mi se ha convertido en terapia y a través de mis escritos he podido conectar con un montón de personas, que de otra manera no habría podido hacerlo y eso me llena y me ayuda en este pedregoso camino. Escribo también porque yo tengo dos hijas, una aquí conmigo y otra que no está. La que está es más fácil de conocer porque pues está aquí conmigo. Sin embargo, a ambas las amo con todo mi ser y quiero que el mundo sepa de ambas. Ambas me han hecho mejor persona y ambas influyen en mi vida y mis decisiones a diario y porque ser su mamá es el regalo y bendición más grande que Dios me pudo regalar.

 Analissa

Un comentario sobre “A Medio Vivir…

  1. Y así es, mi pequeño partió hace mas de dos meses y el dolor en el alma duele y dolerá siempre por no tenerle. La vida es incompleta, escribimos para soltar pensamientos, porque lo necesitamos…yo también me pregunto como contestar a un que tal Estás?. Besitos al Cielo y te invito a conocer mi blog. Un abrazo!

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