730 días

Hola mi chiquitita, perdón por haber dejado de escribirte por tanto tiempo; tu sabes que aunque no te escriba tu estás permanentemente en mi alma y corazón todos los días de mi vida.

Te dejé de escribir por pena.  Sí, por algo de vergüenza.  A ver, te explico, vivimos en una sociedad donde el duelo no es bien visto y/o recibido.  No sé qué emociones puedo mostrar en público, o si ya “expiró”el tiempo en el que podía demostrar mi dolor ante tu pérdida.  Nuestra  sociedad rechaza el duelo y la necesidad que puede sentir un ser humano de llorar abiertamente una pérdida; una sociedad que rechaza también los sentimientos negativos (que son parte normal y natural del ciclo de la vida).  Entonces, durante mi duelo por ti, he tenido que aprender a esconder un poco mi dolor para no incomodar a los demás o para que no me tilden de “deprimida” o de que no lo supero.  Me he vuelto camaleónica y solo comparto con unos cuantos, el dolor que todavía siento por amarte y extrañarte tanto.

Sin embargo, he entendido que esto de esconder mi dolor está mal.  Es importante que pueda expresarme y compartir mis sentimientos; aparte de porque me hace bien a mi y es como una terapia, pienso que si lo hago, puedo ayudar a alguien que la esté pasando tan duro como yo, a que no se sienta sola y aislada. Por eso, decidí escribirte nuevamente hoy 1 de Junio.

Hoy hace dos años nuestra vida dio un giro totalmente inesperado.  Nos quedamos sin aire, sin palabras, sin esperanzas, y hasta cierto punto, sin vida.  Nuestros sueños e ilusiones desaparecieron y entramos a vivir en un limbo oscuro y tenebroso. Tuvimos que reaprender a existir, a vivir.  Recuerdo que una de las cosas que menos lograba comprender era como el mundo seguía girando y como todos seguían con sus vidas, cuando nuestro mundo se había derrumbado por completo.

Dos años más tarde puedo constatar que el dolor no se va.  El dolor se volvió parte de mi diario vivir y ahora estoy acostumbrada a lidiar con el.  Hay días peores que otros, es verdad; pero todavía hay días en que el dolor me sorprende tan crudo y profundo como los primeros días después de tu partida, y quedo tirada en el piso de la ducha llorando por largo rato, para luego alistarme e irme a trabajar, “como si nada”.

Todo este tiempo después sigo con las mismas preguntas: que hubiera pasado si? …. Los what if’s como se dice en inglés.  Me sigue atormentando la culpa, porque mi cerebro racional busca una explicación, y como yo soy buena echándome la culpa, pues en muchas ocasiones termino culpándome por lo que pasó.  Si me engordé mucho, si agarré muchas rabias, si no me cuidé lo suficiente, si comí mucha comida chatarra, etcétera, etcétera, etcétera.

De los sentimientos que más me acompañan también son el miedo y la ansiedad.  Miedo a que algo catastrófico pueda volver a pasar (porque estoy segura de que el worst case scenario SI es posible), entonces vivo con un miedo constante a que a Paz le pase algo o a tu papá o a cualquiera de las personas que quiero.  Tener tanto miedo cansa y estoy segura que me quita horas o años de vida sentirme así.

La ansiedad, bueno ese es otro tema.  Siempre he sido algo ansiosa, pero ahora la ansiedad y yo, somos lo mismo. Vivo pendiente de los benditos detonantes que me puedan llevar al abismo del dolor.  Cuáles son esos detonantes? Pues demasiados: anuncios de nuevos embarazos, anuncios de bebés recién nacidos con la típica foto dentro de la sala de parto con las sábanas verdes y la familia feliz con la mamá viendo a su bebé por primera vez; hospitales, encontrarme con mujeres que estuvieron encinta a la vez que yo, ver a esos niños que serían tus amiguitos ahora; ver la cara de Paz, tu hermana, cuando habla de la hermanita de tal o cual amiguita; ver a tu papá jugando con otros niños e internalizar todo lo que se perdió solo porque tu te fuiste.  Creo que sería imposible para mi poder decir todos los detonantes que me llevan a hundirme en dolor, porque son demasiados y todos los días aparece uno nuevo.

Este segundo año ha sido peor que el primero creo, si es que eso es posible.  El estado catatónico se fue y realmente entendí la magnitud de la pérdida y lo difícil que ha sido la vida desde ese día, y que este dolor va a ser parte de quien soy por siempre.

En este segundo año nos hemos atrevido a soñar un poco y a tener esperanzas en la vida nuevamente, pero esos sueños y esperanzas han desaparecido y siento que de una u otra forma, esto es lo que hay y ni modo, así tengo que echar pa`lante.

Al día de hoy me sigo preguntando POR QUÉ? Yo sé que nunca voy a tener respuesta, y que aunque la tuviera, no sería suficiente, pero no puedo evitar hacérmela. Pero es que en mi cabeza no cabe que nos haya pasado algo así; ni a nosotros, ni a nadie. Ningún ser humano viviente se merece pasar por esto, es realmente inhumano.

Yo puedo con mi dolor. Lo llevo y lo manejo con la mayor dignidad posible, y creo que lo he logrado, porque llevo una vida normal. Trabajo, me encargo de la casa, de tu papá de tu hermana, sin descuidarlos por nada del mundo y bueno, existo; pero cuando veo a tu papá sufriendo, ahí sí se me viene el mundo encima y me pongo mal, porque si hay alguien que no se merece esto es tu papá.  Yo espero que el cielo realmente exista  y que desde allá tu puedas ver a tu papá y el tipo de ser humano que es.  Espero que estés orgullosa de él y que lo acompañes y cuides siempre.  El no se merecía que su primera y única hija se fuera, no se lo merecía!  Eso me duele más que todo, su dolor pesa más para mi que el mío.

Tu hermana es otra que, cuando la veo hablando de la hermanita de tal o cual amiga, me parte el alma.  Ella es una niña con una resiliencia increíble,  que nos da lecciones de vida diariamente; pero yo soy su mamá y es demasiado duro verla sufrir o ansiar por ti, es muy duro.

Sin embargo bebé, no todo ha sido malo.  Tu partida me ha cambiado como persona.  Soy mucho más empática ante el dolor ajeno, amo con mucha más fuerza y entrega, trato conscientemente de ser la mejor mamá que Paz necesita y entiendo perfectamente que lo más importante y valioso en mi vida, son tu papá y tu hermana.  Ellos son mi tesoro y mi razón de vivir.

Tu partida nos unió más de lo posible y últimamente he pensado mucho en esto y pienso que quizás tu viniste y moriste, para salvarnos a nosotros 3.

Yo te amo mi chiquitita y el amor que te tengo es el que hace que te llore y extrañe tanto; y eso no está mal.  Te extrañaré el resto de mis días y te lloraré siempre que lo quiera y sienta necesario, no me voy a esconder más ni a pretender que ya lo superé porque eso nunca va a pasar.  La pérdida de un hijo nunca se supera.

Te amo más de lo que puedo expresar.  Hasta que nos volvamos a encontrar…

Con el alma,

Mami

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